domingo, 29 de noviembre de 2015

Trabajar como auxiliar de conversación en el extranjero - Burdeos (entrevista)

Hace unos días os traía la entrevista de Nuria, una amiga de la carrera que tuvo la suerte de trabajar como auxiliar deconversación en Dublín. Hoy os presento a otra compañera, Laura, que estuvo al mismo tiempo en la ciudad francesa de Burdeos. Os recomiendo que la leáis porque presenta otro punto de vista al de Nuria y cuenta muchos detalles interesantes. Sin más dilación, os dejo con ella.

Auxiliar de conversación en Burdeos
Una facultad de la universidad de Burdeos
¿Cómo fue tu primer día como auxiliar de conversación?
Un poco caótico, porque uno de los centros en los que debía trabajar estaba en obras y me redirigieron a dos: uno más céntrico y otro que estaba en las afueras de Burdeos. Además de eso, los primeros días solo tuve que presentarme y observar cómo trabajaban los profesores.

¿Cuántas clases tenías y de qué edades eran los alumnos?
En total, me encargaba de siete grupos distintos y los alumnos tenían entre 11 (los más pequeños) y 14 años (los más mayores y, por lo general, los más problemáticos). 

De entre estos alumnos, había algunos que pertenecían a la Sección Internacional Española (como los colegios bilingües que proliferan ahora en España, pero con un sistema realmente bien planteado) y a la Sección Internacional Norteamericana.

¿En qué consistían exactamente las clases y cómo te las preparabas?
En principio (al menos, en el caso de Francia), el auxiliar de conversación trabaja como apoyo del profesor, es decir, nunca debe ocuparse solo de un grupo entero; en otras palabras, el auxiliar no es igual al profesor y no debe sustituirlo. Esta es la teoría, porque la práctica es distinta…

Como auxiliar de conversación tuve que desempeñar distintas tareas que dependían del profesor (como ya he dicho, estaba a cargo de siete grupos y dependía de cuatro profesores, aunque había uno principal, al que debía rendir cuentas, para que se entienda). Estas tareas iban desde complementarme con el profesor y fomentar la interacción oral de los alumnos mediante actividades de expresión oral y talleres, hasta quedarme con la mitad de un grupo durante una hora sin ningún tipo de indicación o estar simplemente sentada junto al profesor y levantándome solo para escribir en la pizarra o para hacer fotocopias… Y, por supuesto, nos habían advertido de que no podíamos corregir a los profesores en ningún caso, y tuve que presenciar cómo los profesores corregían a los alumnos porque el bocata estaba mal, ya que se decía *la bocata…

Como podréis deducir, realmente era auxiliar de conversación cuando trabajaba codo con codo con los profesores para ayudar a los alumnos a expresarse oralmente en español (y he de decir que así conseguimos muy buenos resultados al final de curso), porque, cuando me limitaba a observar las clases, los alumnos franceses no aprovechaban la ventaja de tener a una persona española en su clase.

Con respecto a cómo me preparaba las clases, cuando mi trabajo no consistía en ser una mera observadora, intentaba buscar siempre materiales que, por una parte, divirtieran a los alumnos y que, por otra, fomentaran, sobre todo, su expresión oral. El resultado eran actividades divertidas con las que los alumnos pasaban un buen rato y casi no se daban cuenta de que estaban hablando en español y, en definitiva, aprendiendo, que era mi objetivo.

¿Qué fue lo más difícil?
En mi opinión, lo más difícil fue que tanto los profesores como los alumnos reconocieran mi trabajo. En otras palabras, que los profesores se dieran cuenta de mi posición (me veían como una simple becaria) y de las cosas que podía aportar, y que los alumnos me vieran como a una profesora que podía ayudarles, y no como a algo indefinido entre profesor y alumno.

En cuanto a esto último, he de decir que los alumnos me valoraban de forma distinta en función del grupo y también en función del profesor: los más agradecidos, sin duda, eran los de la Sección Internacional y también los que estaban a cargo de la profesora de ese mismo grupo, aunque no fueran bilingües.

Burdeos

¿Tienes alguna anécdota que quieras compartir?
La única anécdota que se me ocurre ahora mismo se deriva de la costumbre que tenían en ambos centros educativos de confundirme con una alumna (y eso que las más mayores tendrían, como máximo, 14 años). Para no extenderme mucho, lo resumiré: después de varias veces en las que me llamaron la atención por acceder al recinto por la entrada de los profesores o no ponerme en fila junto a los demás alumnos para entrar en el colegio (esa práctica que aquí teníamos solo y como mucho en primaria), ya empezaba a estar un poco quemada del asunto. Así, una vez que estaba esperando al profesor en la puerta de la clase, como era mi costumbre, vino una profesora a regañarme (sí, a regañarme), preguntándome qué hacía ahí y no en el patio, junto a mis compañeros.

Como os podréis imaginar, le respondí que lo que hacía era esperar al profesor en cuestión, pero eso no fue suficiente para ella, ya que insistió en qué me hacía especial para estar ahí esperando, qué me creía yo, en qué me diferenciaba yo de los demás alumnos (lo cierto es que yo incluso disfrutaba un poco viendo cómo metía poco a poco la pata cada vez más)… Así, llegó un momento (realmente, el momento en el que me permitió responder) en el que le dije que la razón era que yo no era una alumna, sino la auxiliar de conversación de español. Os podéis imaginar el corte que le pegué… No volvió a olvidarme durante el resto del curso.

¿Qué consejo le darías a alguien que esté pensando en pedir la beca de auxiliar de conversación?
Que se prepare porque no todo va a ser dar clases en un ambiente distendido (o sí, nunca se sabe) porque podrá haber contratiempos o que te pidan cosas para las que no estás preparado. Además, y sobre todo, que tenga una enorme capacidad de adaptarse a cualquier cambio y situación, y una gran imaginación para pensar actividades que gusten y reinventarlas si a los alumnos no les convencieran (y llevar siempre una actividad preparada de más: ¡no hay nada peor que darse cuenta de que queda media hora de clase y no tienes nada más que hacer!).

Además, también es necesario conocer la cultura española o, si no, saber buscar aquello que quieran saber los profesores, pues podrán pedirte (de un día para otro o incluso en el mismo día) desde que les expliques a los alumnos a Goya o el arte de Latinoamérica, pasando por la geografía española, el sistema educativo español o cómo se vive la Navidad en España, con lotería y uvas incluidas. Eso sí, que tenga por seguro que va a aprender muchísimo, tanto de la cultura del país al que vaya como, aunque parezca que no, de la propia.

¡Gracias por contarnos tantos detalles de tu experiencia bordelesa, Laura! Nos has ofrecido una visión muy clara del trabajo de un auxiliar de conversación, tanto lo bueno como lo no tan bueno, y seguro que tus consejos ayudan mucho a todos los que se estén planteando pedir esta beca.

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